Dímelo Toribio

Hey Toribio, te vi la semana pasada en el Festival de las Polleras en Río Grande. Estabas tomando un mojito y comiendo tamal de olla. Se te veía bien, con una sonrisa de oreja a oreja y lleno de vitalidad. La gente iba y se acercaba a saludarte para conversar y reírse de tus ocurrencias, disfrutando de tu buen humor. Qué chévere es que tengas ese don para contagiar de alegría y risas a las personas en tu entorno. Cuida ese don, Toribio. Eres portador de vida y ganas de vivir.

Una noche pensaba en lo importante que es provocar sonrisas en la persona que se encuentra contigo. Es sumamente beneficioso para ambos. Alguien puede estar pasando por un muy mal momento, pero un comentario agradable, que le saqué por un momento de ese pensamiento para llenarlo de carcajadas o por lo menos una sonrisa, es como el oro en polvo; realmente valioso.

Me gusta el buen humor Toribio, te felicito por buscar siempre el lado bueno de las personas y de las circunstancias. Gracias por enseñarme a ser un multiplicador de risas y buen ánimo. Sigue llevando luz en donde solo hay oscuridad; lleva entusiasmo donde hay aburrimiento y esperanza donde hay desánimo; esa es la mayor de las misiones. A veces puede parecer que alegrar a una persona es algo pequeño, pero, ¿sabes qué? Creo que Dios te llama a hacer grandes cosas en las pequeñas cosas.

Estás llamado a hacer grandes cosas Toribio, pero en lo pequeño. Cuando sumes todas esas pequeñas cosas hechas de forma extraordinaria, verás que habrás construido un gran legado y habrás dejado una huella imborrable para la humanidad y el resto de la historia.

¡Ánimo! A seguir haciendo maravillosamente lo cotidiano.

Ahora sí te tomas en serio

Llego el momento en el que por fin te miras a los ojos con la seriedad que te mereces. Ves en ti a un profesional capaz de vivir con un claro sentido de la responsabilidad, cumpliendo con cada uno de los deberes que le corresponde llevar a cabo. Tu nombre ahora resuena con voz firme y sin titubeos. Eres un hombre hecho y derecho con tal claridad de tu propósito, que lo puedes palpar con la palma de tu mano.

Donde veías comedia, ahora ves humor con sentido y profundidad; donde veías a un personaje interpretado, ahora ves a un ser humano revelado. Ahora no solo ves, sino que observas, no solo oyes, sino que escuchas, no solo emites sonidos, sino que hablas con coherencia y elocuencia. Estás despierto, finalmente has despertado de aquel largo sueño y letargo en el que asumías el rol de una persona ficticia, cuyo único fin era desempeñar un papel y quedar bien a los ojos del entorno.

Eres un hombre auténtico, se acabaron las falsedades, no hay más necesidad de fingir, ya es innecesario reír sin quererlo. No hace falta forzar más tu proceder; ahora tienes la libertad y el valor para fluir en el río de tu naturaleza de cuerpo y alma. Tu corazón y tu razón están finalmente en sintonía y dialogan para encaminarse juntos por el sendero que te corresponde, aquel por medio del cual se lleva a cabo tu Propósito.

La verdad, valentía, prudencia y paz son tus banderas, aquellas que determinan tus pasos y tu camino hacia la autenticidad de los valores bien vividos y la fidelidad a tus convicciones, con la frente en alto, los pies firmes sobre la tierra y confiando en la Providencia de aquel que te creó.

Despertó el deseo en mí

Los deseos de mi niño interior han despertado, buscan aquella estrella fugaz con la vista, para pedir aquello que anhela y ver cumplidos todos los deseos de su corazón. Aquel pequeño ha salido de la habitación en la que estaba encerrado y ahora, solo quiere dejarse llevar por los instintos que le empujan a cumplir con la lista de aspiraciones que siempre tuvo en el bolsillo.

Pasiones, sueños, idealizaciones, todo se reúne en este momento para proyectarse en el ser humano que los contiene. De aquí surge la incógnita sobre, ¿qué tan necesario es llegar a lograr todos los objetivos que habitan en la mente?

Ya tiene una meta por la cual se ha comprometido a perseverar incansablemente con optimismo, fe y esperanza. Pero surgen en el camino, aquellos otros anhelos superficiales que, si lo piensa bien, se dará cuenta que no son necesarios. No contribuyen a nada provechoso. Es por eso que, ante la muchedumbre de deseos que nacen, ha de practicar la templanza, prudencia y moderación para no perder de vista el verdadero sueño a alcanzar.

Todo aquello que es ajeno a la meta principal, son distracciones que, de ser seguidas, desviarían al ser del camino que debe recorrer. Hay una clara decisión: «Seguir adelante, paso a paso, firme en la fe y con la mirada puesta hacia la meta, sin dejarse llevar por los impulsos de las distracciones y deseos efímeros del corazón».

El auténtico camino es largo, pero recto, sin atajos ni desviaciones, una sola ruta para llegar a una sola meta: «La plenitud del ser».

No hay miedo

Hoy vivo sin miedos y con certezas

Hay incertidumbre, expectativas, ir y venir del pensamiento. Existe casi de todo en estos momentos. Sin embargo, hay algo que no está, que ni siquiera se asoma por alguna parte; me refiero al miedo. Hay de todo, menos temor. Las emociones han hecho una reunión y no han invitado al miedo.

Sin miedo, la mirada se fija directamente hacia adelante, sin titubear, sin dudar ni parpadear. Los ojos están observando detenidamente la meta que, aún lejana, se ve alcanzable. Sí, en esta ocasión, por primera vez, podemos alcanzar el sueño tan anhelado.

Nadie dijo que sería fácil. Seguramente me encontraré con muchos terrenos pedregosos, escarpados, empinados y de difícil tránsito. Pero, aún así, mi corazón late encendido con el fuego de la confianza y la certeza de que lo lograré. No hay miedo, no hay duda. Hay fe y esperanza, hay ganas de seguir adelante, paso a paso, sin prisas, pero con firmeza y determinación.

Aquí estoy yo, en medio de la madrugada, escribiendo estas palabras, dejando que mi mente termine de plasmar los últimos pensamientos de esta noche, para que después tome el merecido descanso. Mañana será otro día, otra jornada a vivir con ánimo y valentía.

El valor de la vida se aviva en mi pensamiento y todo adquiere sentido para mí. Se acabaron las dudas, me olvidé del pesimismo y despedí al susto y la ansiedad. Abrí las puertas al deseo innato de vivir lleno de plenitud y con sentido de vida.

Mi alma, mi mente, mi cuerpo y mi corazón solo me dicen y repiten una sola palabra: ¡VIVIR!

Cuando la única opción es triunfar

Cuando la única opción es seguir hacia adelante, sin mirar atrás; con la mirada puesta en la meta, todo el ser se llena de una determinación de acero inoxidable, que no se vence ni se deteriora. Porque solo hay un objetivo, y este es caminar paso tras paso hacia el frente. No hay duda, no hay miedo; tal vez un poco de incertidumbre e inquietud. Pero el alma está serena porque confía en la solidez del proceso que está llevando a cabo.

Un corazón decidido, seguro de que está en el camino correcto, y con una paz que respalda su convicción, no tiene quien lo detenga. Sobre todo cuando esa vida deposita su confianza en la Providencia Divina, de aquel Padre que lo ha creado y que lo tiene en la palma de su Mano; está claro que tiene todas las de ganar si se deja llevar por el Espíritu Divino. Su fuerza amorosa lo mueve por el sendero del Propósito para el cual fue creado.

Cuando necesita consejos, su hermano mayor, Jesucristo, lo acompaña y le da las palabras que necesita escuchar para aprender a discernir correctamente entre lo esencial y lo secundario. Nunca se siente sólo, porque su hermano Jesús se manifiesta y lo guía a través de sus padres, amigos y todos sus seres queridos. Jesús es un verdadero amigo y nunca se deja ganar en generosidad, es por eso que este ser con determinación no pierde la serenidad; porque siempre percibe la compañía de quienes lo aman.

En los momentos que quiere recibir ternura y cariño, la Madre María se apresura a recostarlo en su regazo, para que pueda sentirse acogido, abrazado y consentido. La Virgen María se manifiesta a través de personas que lo acompañan y le saben llenar el corazón de un amor duradero y consistente. La Madre es especialista en consentir y apapachar. Es por eso que este ser nunca se siente falto de amor.

En fin, este individuo está muy bien acompañado, orientado, consolado, aconsejado y encaminado hacia la gran meta que está por alcanzar.

Una extraña felicidad

Paz en medio de las sacudidas de la vida.

Siento algo diferente, como nunca antes me había sentido. Hay paz sobreabundante dentro de mí, aún cuando ha tocado enfrentar y resolver varias situaciones problemáticas. En un momento dado surge estrés en medio de dichas circunstancias, pero cuando llega la noche y me acuesto para dormir, resulta que me encuentro con el corazón apaciguado, sereno y lleno de fe.

La paz que siento es diferente a la que he experimentado antes, ahora hay más profundidad en este sentimiento. Porque antes los acontecimientos adversos desmoronaban la tranquilidad de la mente y el corazón. Pero ahora esos inconvenientes se han vuelto una experiencia más que toca vivir sin conectarse necesariamente con mi estado emocional calmado y confiado.

Anoche esperaba sentirme intranquilo por una serie de sucesos complicados que ha tocado enfrentar recientemente. Sin embargo, fue todo lo contrario; más bien, sentí un estado de ánimo bajo, pero no de desánimo, sino como un llamado de mi cuerpo, a descansar. Ese estado me facilitó dormir plácidamente.

Estoy aprendiendo a vivir plenamente cada estado de mi cuerpo, mente y alma, sin ninguna alteración extraordinaria, más bien con aceptación y abandono, confiando en el flujo de mi vida, teniendo siempre presente a Dios, la Virgen, los Ángeles y Santos.

Prueba de fuego

El día llegó. Comenzó con la proximidad aún no alcanzada del crepúsculo del amanecer. Todavía había oscuridad, pero era cuestión de minutos para que amaneciera.

El fuego comenzó a tomar fuerza frente a mis ojos. Yo estaba de frente a este, con serenidad, confiado en las palabras de mi Maestro que una y otra vez me decía: «Confía».

En la medida que amaneció y fue transcurriendo el día, con el calor del sol que brillaba con todo su esplendor en aquel cielo celeste sin nubes, el fuego se volvía más intenso. Pero esto no causaba ningún poco de miedo en mí.

Llegó la noche y con una fuerte brisa de un frente frío, el fuego se fue extinguiendo hasta que quedaron únicamente las frías cenizas. Desde un principio supe que no había nada que temer, porque mi seguridad estaba depositada en mi Maestro que desde lo secreto velaba por mi bienestar.

Confía en su naturaleza

Confía en la naturaleza de ese cordero. Por primera vez sale del corral y está andando con un poco de incertidumbre ya que durante los años que tiene de vida, solo se ha movido en el pequeño y limitado entorno en el que creció.

Sus pasos estuvieron definidos por la presión del tumulto de corderos que había junto a él. No tenía manera de decidir hacia dónde girar o mirar porque el grupo en ese pequeño corral lo apretaba y empujaban en cualquier dirección.

Ahora era diferente, estaba en el campo abierto, sin nadie a su alrededor. Simplemente había un Pastor, su dueño, quien se había sentado en una roca y mirando al pequeño y asustado cordero, le dijo que ahora era libre. El Pastor le aseguró que cuidaría de él y lo protegería ante cualquier amenaza, pero que hiciera lo que quisiera confiando en su naturaleza de cordero. El Pastor le afirmó que confiaba en él puesto que lo había formado y sabía que haría las cosas bien. Pero aquel Pastor necesitaba que el cordero viviera desde su total libertad, sin miedos, sin condicionamientos ni acciones impuestas.

En ese momento el cordero entendió que era importante que hiciera uso de su libertad, que confiara en el flujo de sus criterios y su conciencia formada por aquel Pastor que con mucho amor había guiado cada paso de su crecimiento. Aquel corderito comenzó a saltar y correr mientras la fresca brisa acariciaba su rostro. Se sintió finalmente libre de opresiones, fue verdaderamente feliz y anduvo por todo aquel amplio y basto campo. Se acercó a un río y bebió del agua fresca, después anduvo por un terreno con grama fresca y verde radiante, comenzó a comer. Después de muchas horas regresó donde su Pastor y se recostó en su regazo. El Pastor lo acarició hasta que el corderito se durmió complacido y satisfecho de tener a alguien que cuidaba de él.

La danza del EGO

Un día de esos de verano, el EGO se encontró con una multitud que estaba expectante a su llegada, esperando para ver qué les traía de bueno. Esto fue un alimento para el orgullo del EGO, quien decidió que haría una presentación, según él, la más solemne que jamás se hubiera visto. Comenzó el EGO a danzar y a tirar pasos según se lo iba permitiendo su capacidad de improvisación y mientras bailaba, en su mente se reafirmaba como el mejor bailarín. Decía para sus adentros: «Seguramente estas personas están maravilladas de lo que estoy haciendo, porque yo soy grandioso y deslumbro con mi gran talento».

El EGO estuvo una hora y media bailando sin parar, mientras las personas seguían allí frente a él, viendo aquel espectáculo que incansablemente brindaba el susodicho. De pronto el EGO terminó su prolongada presentación y el público, la parecer, satisfecho se retiró. Una vez que estuvo solo, el EGO se mantuvo por unos breves minutos con la frente en alto, y con un sentido de satisfacción y orgullo por lo que había hecho. Él estaba seguro que había realizado un gran acto y lo mejor de todo es que había demostrado ser una gran persona porque lo hizo gratuitamente, sin esperar nada a cambio, más que con la simple intención de alegrar al público.

Lo que el EGO no sabía, puesto que su ego no se lo permitía ver, es que él en el fondo tan solo se quería complacer a sí mismo. Su mayor satisfacción no fue la de satisfacer a los demás, sino la de contemplarse a sí mismo como alguien importante, talentoso y admirado por todos. La presentación no la hizo para la multitud, la hizo para él.

Cuando entrevistaron al público que estuvo presente, la mayoría coincidía en que había sido una presentación como cualquier otra, no había habido nada extraordinario, y que simplemente fue una entretención más para pasar el tiempo.

Cuando el EGO escuchó estas respuestas de los espectadores, se enojó mucho y los tildó de ignorantes y desconocedores del verdadero arte y talento. Estaba herido porque le dieron en su punto débil, el orgullo. El EGO se sentó a solas y descubrió que tenía una enorme dependencia del qué dirán. Se dio cuenta que no se estaba amando verdaderamente, puesto que la medida de su felicidad la había puesto en el prestigio que él mismo se daba con base en la mirada de otros.

Ese día el EGO aprendió que el orgullo no era un buen aliado. Comprendió que debía cerrarle la puerta a ese inquilino y darle paso a la humildad. La humildad le permitiría reconocerse como un ser humano tal como los demás, sin sentirse superior y respetando la dignidad de todos. No era él el protagonista en el mundo, la humanidad no giraba en torno a él. Él era un miembro más de este mundo, y había venido con el fin de ser feliz amándose y aceptándose tal cual era y a partir de allí, amando sinceramente al prójimo como a sí mismo.

De ahí en adelante dejó de llamarse EGO y adoptó un nuevo nombre: NOSOTROS.

Ilda tiene dos caras

Ilda tiene dos caras, por un lado muestra frialdad y neutralidad en sus expresiones. Pareciera que nada le afectara; se ve como una persona sin sentimientos que simplemente vive el día a día con una coraza que no permite a nada ni a nadie alterar sus emociones. Por otra parte se muestra cálida y llena de ternura, con una constante iniciativa para socorrer y consolar a todo aquel que necesite ayuda, y siempre se conmueve con el dolor ajeno.

Ilda, a veces se encuentra en medio de aquellas dos facetas, en un limbo que la hace dudar de la verdadera esencia de su ser, se pierde en una crisis de identidad, buscando entre los dos rostros, ¿cuál es el que realmente la identifica con quien es en realidad? Ella se aisla cuando está en su faceta fría y busca cercanía con otros cuando está en su lado cálido. Ilda divaga entre dos mundos que van en rutas distintas. Evita dirigirse durante mucho tiempo hacia cualquiera de las dos facetas, para no perder la identidad de una de ellas.

Ilda se encontraba en uno de esos momentos de incertidumbre, cuestionando su propia existencia y preguntándose quién era ella verdaderamente. De pronto una flor a sus pies expulsó un aroma que la hizo dormirse. De pronto se vio en medio de un hermoso campo, lleno de todas las variedades de flores, con los más deleitables olores, los cuales la extasiaban de placer en su sentido del olfato.

Ilda descubrió en ese momento, como por medio de una iluminación de lo alto, que su identidad estaba en medio de los dos rostros. Se dio cuenta que no tenía que viajar a ninguno de los dos lados; no hacía falta utilizar aquellas dos caras. Porque eran solo un disfraz para adaptarse y encajar en su entorno, para complacer a la muchedumbre.

Ilda ahora podía renunciar a las dos máscaras, a los dos rostros que se colocaba de manera forzada. Descubrió que la plenitud de su vida estaba en ser fiel a su verdadera identidad. Nunca más forzó su apariencia y su rostro se vio como nunca antes, porque ahora mostraba una serenidad auténtica. Finalmente Ilda se sintió libre y feliz en todo su esplendor.

La mejor apuesta que puedes hacer en la vida es la de ser fiel a ti mismo, a tus principios y a tu identidad. Solo así podrás ser libre de las imposiciones que muchas veces el mundo quiere cargar sobre ti.